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Posted by buson en octubre 21, 2005

tomado de:
http://www.impunidad.com/atrisk/brasil_paraguay7_19_01S.html

Brasil – Paraguay: Un plato lleno para los periodistas
Por Clarinha Glock

Julio del 2001

La frontera entre Brasil y Paraguay tiene cerca de 700 kilómetros en línea recta, en gran parte es una zona seca, abierta y desprotegida. Es prodigiosa en noticias de todo tipo, pero sobresalen temas como la corrupción, el contrabando y el crimen organizado. La fama no surgió por casualidad. Periodistas, policías y procuradores de Justicia coinciden en que la región es difícil de controlar, y que una cantidad incalculable de dinero circula de un lado a otro. En la frontera, o en las ciudades próximas, es fácil comprar armas, matar sin dejar vestigios y huir de la Justicia. La impunidad y la connivencia entre las autoridades de los dos países representa un desafío para el ejercicio del periodismo investigativo y para denunciar la ilegalidad.

Una radiografía de la región muestra que Foz de Iguazú, en el lado brasileño, junto con Ciudad del Este, en Paraguay, conocidas como centros de recepción de vehículos robados y de contrabando, son también un corredor para el tráfico de drogas y de armas. Por la vía que corta el Parque Nacional de Iguazú, conocido como Rodovía del Colono, abierta ilegalmente, baja parte de la carga.

Además, en Foz de Iguazú el Ministerio Público actualmente investiga 212 casos relacionados a la evasión de dinero. Los cálculos indican que más de US$ 100 mil millones desaparecieron de la región. Ese dinero proviene del narcotráfico, el crimen organizado, el fraude fiscal y la venta de armas. Estos delitos no solo son caracterizados como lavado de dinero porque la ley especial que los prevé es de 1998 y algunos de los hechos, se retrotraen a 1996 y 1997. Se les califica como crímenes contra el sistema financiero, evasión de impuesto, formación de pandillas, falsedad ideológica y material. Las investigaciones son conducidas por la División de Crímenes Organizados y Averiguaciones Especiales de la Policía Federal. Dos de éstas terminaron en acciones penales contra gerentes de bancos, banqueros y propiestarios de casas de cambio.

La evasión de dinero ocurre a través de las casas de cambio, que se multiplican en Foz de Iguazú. En sus locales reciben depósitos de valores elevados, que provienen de diferentes partes del país. De allí, el dinero es distribuido hacia cuentas de tipo CC-5 (cuenta de residente en el exterior) en casas de cambio en Paraguay. Muchas veces, la apertura de las cuentas se hace con documentos falsos, lo que dificulta la investigación. “Difícilmente se llega a los dueños”, explicó el procurador, Mark Torronteguy Weber, quien trabaja en Foz de Iguazú.

Aunque quisiera, el Ministerio Público no dispone en la frontera de una estructura especial para poner en práctica todas las medidas necesarias para combatir el crimen organizado. “Somos solo tres procuradores en Foz de Iguazú, número insuficiente para todo el volumen de procesos”, dijo Weber. De acuerdo a otro procurador de la República, Celso Antônio Três, esta situación continúa porque el Banco Central de Brasil tiene una actitud tolerante hacia los fraudes. “Las remesas al exterior son comunicadas diariamente al Banco Central”, enfatizó. Três, procurador (1997 – 2000) de la localidad de Cascavel en Paraná, a 120 kilómetros de la frontera, denunció la extorsión practicada por los policías. Hoy ejerce el cargo en la ciudad de Caxias do Sul, Rio Grande do Sul.

La Policía Federal de Foz de Iguaçu realizó, de enero a septiembre del 2000, 709 investigaciones. El comisario Sinomar Neto explicó que, de ese total, cerca del 70 al 80% están relacionadas al contrabando, principalmente de cigarrillos, productos de informática y juguetes. Otro 10% al tráfico de estupefacientes y el resto a la evasión de dinero y crímenes contra el orden financiero en general.

La Comisión Parlamentaria de Investigaciones (CPI) sobre el Narcotráfico, instalada en la Cámara Federal el 13 de abril de 1999 y aún en ejercicio, comprobó la participación de la policía y de algunos políticos de la región en casos de corrupción y tráfico de drogas. La situación de impunidad es tan grande que, después de realizados los trabajos de la CPI en Paraná, 25 testigos fueron asesinados o desaparecieron.

Los informes de la Policía Federal indican que Ponta Porã (Mato Grosso do Sul y Pedro Juan Caballero, capital del departamento de Amambay en Paraguay) concentra las operaciones de lavado de dinero. El tráfico ocurre también por otras pequeñas ciudades de la frontera, como Coronel Sapucaia (Mato Grosso do Sul) y Capitán Bado (al sur de Pedro Juan Caballero, en Paraguay). En Capitán Bado, funciona un centro de producción de mariguana y distribución de cocaína. La mariguana es llevada al Brasil por tierra y la cocaína, en su mayor parte, en vuelos clandestinos en pequeñas aeronaves.

La recepción de vehículos robados ocurre, principalmente, en una zona de 230 kilómetros entre Foz de Iguazú y Guaíra, en Paraná. El contrabando de tractores y camiones suele pasar generalmente por balnearios y puertos clandestinos junto al Lago Itaipu, entre Brasil y Paraguay. En Porto Tigre y Porto Mendes, predomina el tráfico de drogas en pequeñas lanchas. El acceso es facilitado debido al número insuficiente de fiscales para controlar el área entre Guaíra (Paraná) y Salto del Guairá (Paraguay).

Un inforne de la Polícia Federal señala a Paraguay como el refugio de por lo menos 12 de los narcotraficantes brasileños más buscados. La falta de fiscalización permite que por aquella frontera pasen incluso pistoleros contratados para asesinar enemigos políticos u opositores poderosos de otros estados. Debido al libre tránsito y a la falta de control en la región, es más difícil para los periodistas seguir las pistas de los bandidos o encontrar documentos que comprueben las ilegalidades que serán denunciadas. Las autoridades muchas veces ocultan información.

El diputado federal Roque Zimmermann, conocido como Padre Roque, denunció otro tipo de crimen que consideró común en la frontera: el tráfico de mujeres y adolescentes brasileñas de Paraná hacia el Paraguay. Según Zimmermann, esas chicas, en general hijas de colonos polacos o ucranianos, fueron encontradas en varios prostíbulos de la región. “Pasan los millares”, dijo el diputado. “Pero ni el gobierno brasileño, ni el paraguayo parecen querer resolver la cuestión”. Zimmermann critica a la prensa por hacer sensacionalismo sobre el hecho y no llevar adelante las denuncias. Para el diputado, la pobreza extrema favorece en gran parte que se cometan estos crímenes en la frontera. “Familias enteras son usadas como mulas (transportar) para llevar las drogas”, ejemplificó.

El caso Escaramuça

Desde que el periodista Edgar Lopes de Faria, conocido como Escaramuça, fue asesinado con seis tiros el 29 de octubre de 1997, en la ciudad de Campo Grande, capital del estado de Mato Grosso do Sul, su hijo, Marcos Antônio Lopes de Faria cree que los otros presentadores de radio y televisión de la región diminuyeron sus denuncias. El crimen permanece impune hasta hoy.

Escaramuça presentaba por la mañana un programa en la radio FM Capital y, a la tarde, el Boca do Povo, en la TV MS. En la radio o en la televisión, denunciaba a políticos, policías y otras personas que cometiesen crímenes y actividades ilegales. Relataba los hechos pintorescos y prestaba auxilio a los necesitados. Por todo eso, era amado por unos y odiado por otros.

Cuando Escaramuça fue asesinado, había indicios sobre más de 100 crímenes a sueldo en Mato Grosso do Sul. Una pesquisa en los periódicos de la región hecha por el Centro de Defensa de la Ciudadanía y de los Derechos Humanos Marçal de Souza (CDDH), de Campo Grande, mostró que, entre junio de 1995 y julio de 1997, ocurrieron 231 casos de asesinatos sumarios y de desapariciones forzadas en la frontera entre Brasil y Paraguay, y en la zona de Grande Dourados, en Mato Grosso do Sul, cerca de 120 kilómetros de la frontera. Antes de morir, Escaramuça había prometido que revelaría los nombres de pistoleros y policías involucrados en grupos de exterminio. Escaramuça tenía un estilo propio de hablar, a los gritos, a veces se exaltaba e insultaba.

Desde 1994, andaba armado porque había recibido amenazas de muerte si no terminaba con sus denuncias. Nunca le prestó mucha atención a las amenazas, y hasta las desdeñaba públicamente en sus programas. Cerca de cuatro meses antes de morir, contó con la protección de un guardia que se quedaba en la puerta de la radio durante el periodo del programa, para impedir que alguien entrara al estudio mientras estuviera en el aire. Varios automóviles rondaban su casa y recibía llamadas telefónicas anónimas para intimidarlo. Todo en vano.

Su hijo Marcos, quien era reportero policial en la época del asesinato, cree hoy que Escaramuça asumió riesgos innecesarios. La impunidad sobre la muerte de su padre le hizo desconfiar de la justicia. “A veces, denunciar no lleva a lugar alguno, uno no consigue cambiar la situación y aún queda en la ruta de colisión”, observa. Marcos recuerda que su padre, por el contrario, decía que si no se difundía lo que estaba equivocado, no habría cambio alguno. Denunciando, por lo menos el Ministerio Público podría hacer algo, decía el periodista.

Escaramuça siempre tenía pruebas concretas sobre lo que denunciaba, admitió Marcos. “Pero nunca fue condenado en los procesos que siguieron contra él, lo que demuestra que estaba en lo cierto”, analizó. “Siempre daba un espacio en su programa a aquel que quisiera defenderse”.

Algunos policías y políticos que fueron acusados por Escaramuça – algunos de ésos sospechosos de su crimen – señalaron que Escaramuça los chantajeaba y extorsionaba. Los familiares y amigos de Escaramuça devuelven la acusación. “Escaramuça no aceptaba dinero, a pesar de haber recibido ofertas”, garantizó Alex Henrique Lopes de Faria, otro hijo de Escaramuça. “Si él hubiera aceptado extorsiones, seríamos ricos”, agregó Marcos.

Los encargados de investigar la muerte de Escaramuça dicen que el caso es de difícil solución, porque el periodista tenía muchos enemigos y los asesinos no dejaron pistas. La proximidad de Mato Grosso do Sul con la frontera de Paraguay y con Bolivia facilita la compra de armas, la contratación de pistoleros y la fuga de los criminales. La impunidad está garantizada aún por el miedo que sienten los testigos – a pesar de existir un programa de protección para esas personas, frecuentemente faltan recursos para garantizarles seguridad. La policía y el Ministerio Público reclaman la falta de apoyo y de condiciones de trabajo para realizar las investigaciones.

La voz de Escaramuça fue callada dos veces: cuando fue asesinado, y ahora por la indiferencia de las autoridades en resolver el caso.

El desafío de hacer reportajes investigativos en la frontera

La frontera es rica en noticias y escándalos – plato lleno para los reporteros investigativos – y es también un riesgo para quien osa enfrentar y denunciar a las cabezas del crimen organizado, las autoridades corruptas e investigar los robos institucionalizados. Es una situación diferente de la época en que los periodistas enfrentaban la prohibición de la dictadura militar en el Cono Sur.

En la época de la dictadura, los periodistas no tenían garantía de libertad y generalmente trabajaban en forma clandestina. Fuentes y entrevistadores podían desaparecer en cualquier momento. “Había tres desafíos: entrevistar a la fuente, sobrevivir para publicar el reportaje y publicarlo”, describe Carlos Wagner, con 20 años de profesión, reportero especial del periódico Zero Hora, de Porto Alegre, Rio Grande do Sul. Los órganos de represión eran muy ágiles y se comunicaban entre sí, como se comprueba en los documentos relacionados a la Operación Condor.

Un ejemplo conocido fue el encarcelamiento, entre 1982 y 1984, del editor y reportero del periódico Nosso Tempo, de Foz de Iguazú, Juvêncio Mazzarollo. En el periódico Mazzarollo denunciaba las arbitrariedades del gobierno del general paraguayo Alfredo Stroessner, además de las irregularidades en el proceso de expropiación de tierras para la construcción de la Usina Hidroelétrica de Itaipú, en la frontera entre Brasil y Paraguay. Como portavoz de los movimientos populares, sus artículos eran considerados propaganda revolucionaria. En el marco de la Ley de Seguridad Nacional fue acusado por atacar a un gobierno amigo de Brasil y por subversión. “En los tiempos de la dictadura, por lo menos la gente tenía la satisfacción personal de ver que las denuncias eran tenidas en cuenta, hoy es como azotar al viento, porque todo sigue igual, los denunciados siguen robando”, critica Mazzarollo, que se prepara para su función como ombudsman en una revista.

Para lidiar con la dictadura, el reportero tenía que usar tácticas evasivas, entrevistando a personas por la madrugada, usando disfraces y siendo extremamente rápido – a veces sin darse al lujo de dormir en hoteles para evitar dejar pistas. Wagner, que ya investigó el robo de madera por brasileños en Paraguay, acompañó la trayectoria de “brasiguayos” y denunció el narcotráfico en la frontera, afirmó que ahora las dificultades son identificar quién es criminal y a qué banda pertenece, porque existen varios grupos actuando en la región y muchas autoridades están involucradas. “Una ventaja es que hay grupos enemigos, con interés en poner uno contra el otro”, observó.

Al realizar reportajes investigativos en la frontera, Wagner generalmente no se identifica antes como periodista. “Sería como poner un blanco al pecho, pero depende de la situación – el objetivo principal es obtener la información”, dijo. Utiliza como regla no confiar en nadie en la localidad y, principalmente, tener siempre muy claro qué datos quiere. Hace una minuciosa investigación antes de llegar a la región. En el trabajo de campo, busca ser rápido. El principal peligro que enfrenta el reportero que hace periodismo investigativo es pensar que ser periodista es símbolo de protección, por ejemplo, no averiguar los hechos o pensar que una sola fuente lo sabe todo, aferrándose mucho a ella. Estos son errores de principiantes.

Fátima Zucarelli, 14 años de periodismo, reportera especial de Gazeta do Paraná, en Cascavel, Paraná, recuerda que la principal herramienta para trabajar en regiones como la frontera es justamente tener buenas fuentes y para conseguirlas es necesario tener experiencia de por lo menos cinco a 10 años en esa área. Explica: “No basta que cualquier persona llame y diga que está ocurriendo algo para que uno salga corriendo. Tiene que ser alguien de confianza. Una gran noticia, a veces puede ser una zancadilla y el error puede ser generado por la propia fuente.”

La reportera usa como técnica infiltrarse en el medio de los criminales. “Si uno llega diciendo que es periodista, no consigue la información. Hay que tener coraje y tranquilidad para infiltrarse”, subraya Fátima. De esta forma ha conseguido los datos que necesitaba para denunciar el robo de cargas en Paraná. Para trabajar infiltrado es necesario tener cuidado y la seguridad de que nadie vaya a reconocerlo. “Hay veces que ellos lo saben y te dejan trabajar para ver hasta dónde llega uno. Nos ocurrió en un reportaje sobre robos de coches en Paraguay. Mi colega y yo nos infiltramos, ellos lo sabían y no nos dijeron nada. Por un amigo de la Polícia Federal que recibió un aviso de un informante, nos enteramos que habíamos sido descubiertas, pero ellos no habían tomado represalias porque creían que éramos muy jóvenes para morir”.

La muerte de un periodista, dice Fátima, puede ocurrir cuando se confía mucho en la fuente, o se apura en investigar un caso difícil. “Hay que tener paciencia”, comenta. Si alguien llega a una ciudad y empieza a preguntar mucho, en poco tiempo todo el mundo sabe quién es y lo que está buscando. Ponderación e intuición también son importantes para que el reportero pueda avanzar en la investigación al sentirse seguro. Tener siempre un punto de apoyo – alguien en el periódico que sepa de su paradero – ayuda bastante. Fátima lamenta que las mujeres no hayan conseguido asumir su espacio en el periodismo investigativo en periódicos de Paraguay. “Ser mujer permite que las personas demoren más en desconfiar cuando nosotras llegamos preguntando mucho”, garantizó.

Ella ya recibió amenazas de muerte. Una vez dañaron los frenos de su auto, después de haber denunciado el tráfico de drogas. Otra vez el mensaje vino por teléfono. Pero no se siente intimidada. “Después que se empieza una investigación, no hay como parar”, afirmó.

Una técnica utilizada para esquivar las dificultades es unir esfuerzos con los periodistas de la frontera. El reportero Mauri Kronig, con ocho años de periodismo y que escribe para O Estado do Paraná, en Foz de Iguazú y hace trabajos independientes para O Estado de São Paulo desde 1994, participó de un reportaje en conjunto con los periodistas paraguayos denunciando la acción de la mafia china en la región. “En Ciudad del Este, los árabes y los chinos dominan casi todo el comercio. La mafia china vende seguridad a los comerciantes. Entre 1994 y 1995 hubo muchas muertes inexplicables”, cuenta Konig. En otras ocasiones, ha denunciado el contrabando de cigarrillos, de bagatelas y de carne. Konig cree que los atentados contra periodistas son más frecuentes en el lado paraguayo debido a la situación política en ese país, especialmente cuando la corrupción es demostrada por los periódicos.

Por lo menos una vez fue sorprendido por la visita de un comisario de Foz de Iguazú, quien con un arma en la cintura, lo intimidó por el contenido de un reportaje sobre la extorsión como práctica común de los policías. La denuncia era pública y había sido registrada en el foro de la ciudad. Buscando protegerse de situaciones como esa, Konig invierte en la precisión periodística para evitar represalias, sean físicas o en la forma de procesos civiles. “En las denuncias hechas en conjunto con los paraguayos, tuvimos el cuidado de hacer muchos reportajes”, dijo. Al publicarlos tenían tantas pruebas y la forma como fueron mencionados los involucrados era tan obvia que no había como contradecir la información.

En un reportaje sobre tráfico de armas y para comprobar la facilidad de la compra de fusiles AR-15 y ametralladoras UZI en la frontera, fingió ser un cliente común. Está convencido de que si se hubiera presentado como periodista, no habría conseguido los datos que necesitaba y logró recopilar. El reportaje no llegó a provocar represalias, pero días después de la publicación supo que los comerciantes de armas en Paraguay estaban con un “ojo” sobre él.

El celo con que trata la profesión es para Konig la razón del porqué no sufrió atentados. Evita hacer acusaciones sin fundamentación, soltar informaciones fantasiosas o sensacionalistas. “La profesión de periodista es importante como para ser menospreciada. Quien lanza noticias por cuestiones personales, político-partidistas o para “calentar” una información, sin la debida investigación, deja un hueco para una amenaza o un proceso”, afirmó.

Legislaciones diferentes en los dos países, a pesar del Mercado Común del Sur (Mercosur), y el poco dominio del español, del guaraní o de la lengua china (en el caso de las denuncias sobre la mafia china) también son obstáculos que enfrentan algunos periodistas que trabajan en la frontera. “Desde la guerra del Paraguay hay mucha pelea mal resuelta entre brasileños y paraguayos”, constató el reportero gráfico, Ney de Souza, con 18 años de profesión, de Folha do Paraná, en Foz de Iguazú. Debido a un reportaje sobre un aeropuerto clandestino en Porto Belo, utilizado para el transporte de drogas y contrabando, sufrió un atentado. Le dispararon mientras manejaba su automóvil. “Tengo una hija de cinco años. Hoy pienso 10 veces antes de hacer un reportaje investigativo. Si me matan, tiran mi cuerpo por el puente y sólo van a encontrarme dentro de tres días, sin saber quién lo hizo”, dijo Souza. “Es muy fácil cruzar la frontera y desaparecer”.

Souza considera que para la realización de reportajes investigativos peligrosos, es preferible que el equipo venga de afuera, para evitar represalias. Los reporteros locales quedan expuestos cuando se involucran en reportajes de ese tipo. De acuerdo a Fátima Zucarelli, en esos casos el profesional debe estar muy bien preparado. Al venir de otro estado, sin conocer las fuentes, es más susceptible que cometa errores.

Humberto Trezzi, con 16 años de periodismo, trabaja como reportero especial de Zero Hora, en Porto Alegre. En la región fronteriza investigó sobre narcotráfico, mafia china, robo de cargas y vehículos, entre otros temas y compara el tipo de periodismo practicado allí con un reportaje de guerra. Trezzi también cree que si la investigación se realiza en la propia ciudad donde vive el reportero, es más seguro identificarse como tal, sin infiltrarse, porque cuando las fuentes son del mismo lugar que el periodista, es muy probable que se descubra la infiltración. Su táctica es llegar discretamente al local, no decir exactamente a lo que viene hasta último momento, cuando sea necesario decir que trabaja para la prensa.

Para Trezzi, los “errores fatales” son más propensos a que ocurran si el periodista hace un arreglo con su fuente y no cumple, exagera en las acusaciones o denuncia sin pruebas. Un denunciado poderoso literalmente “paga para ver”, es capaz de mandar a matar porque sabe que está protegido por la impunidad que el dinero y su influencia pueden comprar.

El consejo del reportero Wilson Kirsche, con nueve años de profesión, actualmente en la Red Cataratas, filiada a la Red Globo de Televisión en Foz de Iguazú, es que “Nunca desdeñes las amenazas”. Cuando lo han amenazado prefiere quedarse un tiempo sin cruzar la frontera y envía a otro equipo en su lugar. Pasados 10 ó 15 días, vuelve a la escena. “La cosa es medio cíclica, basta que alguien se sienta molesto por el reportaje para que la amenaza se repita”, dijo Kirsche. Es común trabajar en un automóvil sin el logotipo de la empresa, por protección. “Quedo preocupado porque no veo el resultado práctico de las denuncias. La promiscuidad y la impunidad son muy grandes. Después de un reportaje, las autoridades crean comisiones para investigar, pero la persona que ayer fue denunciada robando, el día siguiente tienes que encararla en la calle”, afirma.

Otro riesgo para el periodista que actúa en ese contexto es que como ocurre con algunas autoridades se involucre tanto en el crimen que al final termina formando parte de éste. El procurador Celso Três que trabajó en la región, se acuerda de un reportero de Cascavel que al final de la década de 1980 era conocido por la práctica de extorsión. Por su parte, un alcalde, atrapado saliendo infraganti de un motel, llegó a mencionar que era más barato mandar a matar al periodista que pagar el precio que se exigía para que no se publicara un reportaje.

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