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si no te metés con ellos, podés caminar tranquilo…

Posted by buson en octubre 20, 2004

Tomado de:
http://www.rionegro.com.ar/arch200203/r31g02.html

Pedro Juan Caballero: desde aquí sacan la marihuana que se consume en la Patagonia

Es un pequeño territorio enclavado en medio de la selva paraguaya. En la región se cosechan anualmente 45.000 hectáreas de este narcótico.
Pedro Juan Caballero, Paraguay (Enviados especiales).- Dos horas después de llegar a la ciudad, un oficial de la policía se presenta en el hall del hotel con una ametralladora entre sus manos y nos pide que lo acompañemos.
Estacionada, en la puerta del hotel, observamos una camioneta Toyota 4X4 con sus vidrios polarizados. Hacia ella nos dirigimos.
“Perdón por la tardanza pero estuvimos hasta altas horas de la madrugada con la policía intentando obtener alguna pista sobre un asesinato”, grita nuestro contacto asomándose desde una de las ventanillas del vehículo. Es Cándido Figueredo, corresponsal del diario ABC Color en esta ciudad. Dentro de la camioneta otro policía, armado con dos pistolas 9 milímetros en su cintura, nos da la bienvenida con un sonrisa.”Estos dos me siguen a todos lados”, justifica el periodista con ironía la presencia de los agentes dentro de la camioneta.
La cabeza de Figueredo tiene precio para el narcotráfico: 40.000 dólares, y estos dos oficiales pasan las 24 horas del día a su lado cuidando que una bala perdida no termine con su vida.
Las investigaciones y artículos publicados por ABC Color molestan a los ilegales.
“Pedrojuan”, como se la llama a esta ciudad en la región, es la capital de la provincia paraguaya de Amambay. La ciudad esconde entre sus casas bajas y selva tropical algo más de 100.000 personas. Su historia, que apenas sobrepasa los cien años, está ligada a la guerra entre grupos mafiosos con ejércitos propios que controlan la producción y comercialización de marihuana en toda esta vasta región paraguayo/brasileña.
Desde aquí parten hacia territorio argentino todos los años algo más de 19.000 toneladas de marihuana de alta calidad.
Las localidades de Pedro Juan Caballero y Capitán Bado, ciudad ubicada a pocos kilómetros al sur de la primera, concentran el 80% del total de la producción de marihuana del Paraguay. Un par de docenas de familias, dueñas de grandes extensiones agropecuarias, son las que manejan la producción. Sólo dos concentran la comercialización, y entre ellas, se producen feroces matanzas por continuos “ajustes de cuenta”.
Los “barones de la frontera”, como los llama la policía local, son los que manejan la distribución. Aeropuertos con aviones propios, producción en escala de semillas, sicarios y el dinero para el soborno está concentrado en manos de estas dos familias: Yamil Georges y Cabral.
Sus nombres son pronunciados en voz baja y con mucho respeto. “Ellos sostienen con muchas inversiones a esta ciudad”, nos comenta el botones del hotel donde nos alojamos, cuyo dueño justamente es Ganhdy Yamil Georges, hermano del principal narcotraficante del Brasil, Fahd Yamil Georges.
Funcionarios de la Dirección Nacional Antinarcóticos del Paraguay (Dinar) estiman que existen 45.000 hectáreas de marihuana plantadas en esta región las que producen por año cerca de 75.000 toneladas de la “mejor macoña del mundo”.
Extraoficialmente, se habla de algo más de 70.000 hectáreas en producción, superficie equivalente a 1,5 veces la extensión productiva de todo el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.
Entre los conocedores del negocio, mencionar la palabra “pedrojuan” es sinónimo del mejor cigarrillo de marihuana que se pueda producir en la tierra.
“Es lo que nos identifica en el mundo”, nos comenta Figueredo con una amplia sonrisa en su rostro mientras manejaba su camioneta.
Las ventas anuales de este narcótico que salen de Amambay alcanzan la escalofriante cifra de 2.500 millones de dólares y en general “las familias”, como se denomina aquí a los estancieros productores de marihuana, hacen plantaciones que van de las 5 a las 10 hectáreas diseminadas en medio de la selva.
– “¿A quién asesinaron?”, preguntamos con cierta inocencia arriba de la Toyota.
– “A un muchacho de 19 años que trabajaba como cadete en una concesionaria de autos. Le vaciaron 25 proyectiles en el cuerpo…”, contestó Figueredo.
– “¿Qué hizo?”, insistimos.
– “Nada. Lamentablemente estaba en el momento y lugar justo, en el que no tenía que estar. La camioneta que manejaba tenía vidrios polarizados y los asesinos pensaban que allí estaban unos narcos a los que pensaban liquidar”, dijo Figueredo sin inmutarse mientras agregaba detalles de lo acontecido.
A medida que pasaban los minutos, la realidad nos mostraba que los códigos que se manejan en esta región no son los tradicionales de otras ciudades.
“Pedrojuan” tiene un promedio de 10 asesinatos por mes y todos se ejecutan con un alto grado de violencia.
Cuerpos despellejados, con sus manos cortadas, algunos con un candado atravesando su boca o sin lengua; orejas, dedos y ojos colocados en la boca de las víctimas; cráneos partidos con recortes de diarios en su interior y cuerpos degollados son algunos ejemplos de cómo se puede morir en esta ciudad.
“Todos los asesinatos tienen un claro mensaje para quien es dirigido”, nos comenta uno de los custodios de Figueredo.
“Pero si no te metés con ellos, podés caminar tranquilo por las calles de Pedrojuan sin problemas”, intentó calmarnos con estas palabras el policía.

Patagonia, zona de tránsito

A medida que uno avanza en las conversaciones con los funcionarios departamentales, políticos o de las fuerzas de seguridad, más fina se hace la línea que separa los actos legales de los ilegales.
Es que todo Pedro Juan Caballero está relacionado, en forma directa o indirecta, con los narcotraficantes.
Como dato a tener en cuenta hay que señalar que hace sólo un par de años, al actual gobernador de Amambay, Víctor Hugo Paniagua, se le encontró en sus campos cinco hectáreas con plantaciones de marihuana.
Distintos oficiales de la Dinar coincidieron en señalar, desde el anonimato y en conversación con “Río Negro”, que la Argentina es uno de los “grandes mercados para nuestra macoña”.
Los agentes de seguridad de la Dinar, mantienen la misma teoría que los carteles colombianos al discutir la ética de este tipo de comercio ilegal: “Nosotros producimos; del lado argentino y brasileño se consume. Ellos son los que tienen que preocuparse por los controles, no nosotros”, remarcó uno de los oficiales en conversación con este diario.
Es que de las 70.000 toneladas de marihuana que anualmente se produce en esta región cerca de 47.000 toneladas se derivan hacia el Brasil y otras 19.000 tienen destino final el mercado argentino. “Sólo el 4% de lo que se produce en el país queda para consumir aquí. No es un volumen que nos pueda traer problemas para nosotros”, agregó la fuente de Dinar.
Si bien no hay datos oficiales del gobierno paraguayo, informes norteamericanos señalan que desde Pedro Juan Caballero a la norpatagonia (Alto Valle de Río Negro y Neuquén) ingresan anualmente, en promedio, cerca de 600 toneladas de marihuana.
Parte de ella queda en la región para consumo, y el resto es redistribuida hacia Chile y, en menor medida, reorientada al sur del país.
“Los compradores llegan todos los años aquí para cerrar volumen. La cosecha es muy dispar año tras año y es por ello que no se puede estimar en forma puntual cuánta marihuana habrá en cada temporada”, completa, algo más distendido, el oficial luego de pasar los sesenta minutos de conversación.
En esta región del Paraguay se obtienen dos cosechas de marihuana por año y el alto grado de THC (tetrahidro cannabinol) que posee la producción, es lo que diferencia a un “pedrojuan” de otro cigarrillo de marihuana producido en cualquier otra parte del mundo.
“La tierra y el clima aquí es fantástica para la marihuana. Es por ello que tanto Tailandia como Colombia dejaron el negocio porque no podían competir con nuestro producto”, comenta, casi con orgullo, el oficial de la Dinar.
Si bien la rentabilidad del negocio ha caído en forma sensible, consecuencia de una mayor oferta de marihuana en el mercado, lo que generó una caída en los precios finales del producto, la comercialización mantiene altas sus tasas de retorno.
Según información consignada en el lugar, al productor de Amambay le quedan cerca de 1,5 dólares por kilo de marihuana cosechada. Pasando la tranquera del campo, el ladrillo, que es la marihuana prensada por kilo, vale entre 30 y 40 dólares.
En la frontera paraguaya (Ciudad del Este) se puede encontrar este mismo kilaje a 100 dólares. Al pasarlo del lado argentino, el valor en forma automática se duplica llegando a Buenos Aires con una cotización mínima de 300 a 400 dólares.
Este mismo ladrillo en la Patagonia se puede colocar a alrededor de 600 dólares a un mayorista. Teniendo en cuenta que un cigarrillo de buena marihuana (no cortada) cotiza hoy en el centro de Neuquén entre 2 y 3 dólares y que de un kilo se pueden obtener entre 800 y 900 cigarrillos, se deduce que el “vendedor minorista” puede obtener por la colocación de un kilo de marihuana fraccionada hasta 2.700 dólares.
Todo un negocio que, en época de crisis como la que vive el país, prolifera sin contención alguna.
La diferencia económica es mucha, los controles pocos.

Javier Lojo
jlojo@rionegro.com.ar

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