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¿Sólo agua?

Posted by buson en octubre 18, 2004

Tomado de:
http://www.pacificar.com/vernota.hlvs?id=3784

Proyecto hegemónico – 25/09/2004
De cómo EE.UU. quiere quedarse con el Amazonas

El proyecto estadounidense, explicitado en el Plan Colombia, consiste en el tendido de un cerco armado sobre la Amazonía, y para ello también requiere de la participación de Argentina, Paraguay y Brasil en torno a la Triple Frontera que comparten eso países sobre la región de Iguazú. ¿La excusa que esgrimen los servicios de inteligencia de Washington? Como siempre, muy simple: en esa Triple Frontera funcionan células de apoyo al terrorismo internacional de matriz islámica, hecho que, por supuesto, como los arsenales de Sadam Hussein, nunca fueron probados.

Todos hemos visto un libro difundido hasta el hartazgo por Internet en los últimos meses y catalogado como una broma por algunos medios de comunicación, en el que se demuestran claramente las intenciones de los Estados Unidos.

Pero sin entrar en ese debate de si el texto es apócrifo o auténtico, el chiste pierde legitimidad al recordar la histórica tradición anexionista de Estados Unidos. Basta recordar la ocupación territorial de México, de Filipinas, de Puerto Rico y los intentos empedernidos y sistemáticos contra Cuba. Sirve también tener en la memoria a las invasiones a Santo Domingo, Panamá y Granada, y a las cientos de intervenciones militares y a cargo de los servicios de inteligencias en Vietnam, en Corea, en África y en toda la geografía de América Latina, desde el lanzamiento de la Doctrina Monroe, a principios del siglo XIX, hasta la actualidad.

Para la doctrina ‘de la ocupación de espacios vacíos’, vigente en el Pentágono según se desprende de sus propios documentos públicos, la intervención militar y política es necesaria para controlar dos disfuncionalidades territoriales: ‘los asentamientos terroristas’ y ‘el desarrollo de la economía asistémica’.

Dejar ‘espacios vacíos’ sería el último pecado cometido por los gobiernos latinoamericanos, al ‘permitir el contrabando de drogas y armas’. La tesis etnocéntrica del eje del mal caracteriza entonces al Amazonas como una tierra gobernada por la barbarie, sin que haga falta -tan sólo por el momento- imputarle el diseño y construcción de arsenales de destrucción masiva, el argumento comprobado como falso y que sirvió como excusa para la invasión y ocupación de Irak.

Cabe recordar con preocupación que esa doctrina de los ‘espacios vacíos’ esta siendo tomada como propia, gracias a la ‘cooperación hemisférica’ con Estados Unidos, por las fuerzas armadas de los países miembros del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) según se desprende los informes reservados de las reuniones multilaterales de mandos efectuadas en Buenos Aires a principios de septiembre de 2004.

Pero sigamos con el tema que nos ocupa. La geografía de ningún país del llamado ‘Primer Mundo’ iguala a la región amazónica, donde se encuentra el ecosistema más diverso del planeta. Por eso Estados Unidos ya sembró de bases militares la frontera colombiano-brasileña y el actual gobierno de Perú -claramente alineado con Washington- presiona al de Bolivia para la instalación de un asentamiento militar sobre el río Itonomas, abastecido y asesorado por el Pentágono.

El proyecto estadounidense, explicitado en el Plan Colombia, consiste en el tendido de un cerco armado sobre la Amazonía, y para ello también requiere de la participación de Argentina, Paraguay y Brasil en torno a la Triple Frontera que comparten eso países sobre la región de Iguazú. ¿La excusa que esgrimen los servicios de inteligencia de Washington? Como siempre, muy simple: en esa Triple Frontera funcionan células de apoyo al terrorismo internacional de matriz islámica, hecho que, por supuesto, como los arsenales de Sadam Hussein, nunca fueron probados.

La realidad también es muy simple. Sobre ese punto sudamericano tripartido se encuentra el epicentro de la reserva subterránea de agua dulce más importante del planeta (el Sistema Acuífero Guaraní). “Puede decirse que los intentos estadounidenses de instalación militar en la Triple Frontera apuntan a consolidar la estribación Sur del Plan Colombia, y que esa estrategia procura crear las condiciones para una eventual y muy posible intervención militar norteamericana en la subregión”, afirmaron los periodistas argentinos Stella Calloni y Víctor Ego Ducrot, dos de los especialistas que con más detalles han desarrollado el tema en los últimos tiempos.

”Estados Unidos siempre procuro el control de la Amazonía y de otras áreas de la región. En realidad, ello explica la constante instalación de bases militares en el área. Ese es el objetivo final del Plan Colombia y de la Iniciativa Regional Andina’, aseguró Elsa Bruzzone, especialista en Defensa Nacional, Estrategia y Geopolítica y secretaria del Centro de Militares por la Democracia Argentina (CEMIDA).

El Plan Colombia es la mayor operación político militar de Estados Unidos en América Latina. Colombia recibe la segunda subvención presupuestaria más grande del mundo detrás de Israel, con el pretexto de que sus ejércitos luchan contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y contra el llamado ‘narcoterrorsimo’, uno de los supuestos ‘nuevos enemigos’ según estrategas y académicos orgánicos de Washington, como el conocido Samuel Huntington.

En la actualidad, Estados Unidos dispone de bases militares en 9 países de América Latina. Pero como un jugador voraz del clásico entretenimiento Táctica y Estrategia de la Guerra (TEG), pretende seguir desparramando fichas hacia el Sur, para ganar el continente. En pos de ese objetivo, informes no tan secretos del Pentágono, de la Secretaría de Estado y de la Central de Inteligencia (CIA), revelaron que Washington prepara tres nuevos desembarcos para sus marines: en el Chapare, Bolivia; en la Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay, y la ciudad de Tolhuin, Tierra del Fuego. No podemos dejar de mencionar que Bolivia se ha transformado en prioridad uno para Washington en atención de sus reservas gasíferas, sobre todo a partir de una constatación severa para el futuro de la economía estadounidense: el agotamiento de las cuencas propias, en particular el de las que yacen en el subsuelo de California.

Estados Unidos consolidaría así sus posiciones militares en toda el área, conforme lo demanda la doctrina oficial sobre Guerra de Baja Intensidad (GBI), y ejercería el control directo sobre territorios ricos en recursos naturales: fuentes de agua, yacimientos petrolíferos y zonas estratégicas en biodiversidad, claves a la hora de aportar importantes caudales en el marco del programa económico para la región, basado en el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA).

En la década del ´50, Washington ya se valió de la ‘balcanización’ del espacio como estrategia tendiente a debilitar el control brasileño sobre la región amazónica. A través de una operación conducida por la CIA, Washington incitó y financió entonces un levantamiento de los indígenas yanomanís, en la frontera norte con Venezuela, para lograr que una porción de ese territorio se declarase independiente de Brasil.

Las respuestas políticas dadas entonces por Brasil fueron varias: la fundación de Brasilia como capital nacional dentro del espacio profundo de su interior, la colonización de tierras en Amazonas para fundar ciudades, la construcción de la carretera Transamasónica, el control terrestre, aéreo y fluvial de toda la región y la fundación de fortines militares a lo largo de todas las fronteras.

El programa brasileño fue completado en el año 2000 con el Sistema de Protección Amazónica (SIPAM) y su similar SIVAM (un sistema de vigilancia por radares conectados a satélites, tendiente al control permanente con patrullajes de ríos y sobre vuelos militares).

Esa escalada a favor de la soberanía política brasileña avanzó el año pasado con el cierre de la base de San Pedro Alcántara. Brasilia recuperó lo que previamente hicieron volar por los aires los militares estadounidenses antes de irse, dejando un tendal de muertos y heridos, y llegó a un acuerdo con Ucrania para llevar adelante un programa de investigaciones científicas en el sector espacial.

Con la llegada del nuevo siglo, la Casa Blanca parece recostarse más en Disneyworld que en el Pentágono para construir su discurso inquisidor. El mapa que David Norman incluye en su texto escolar ilustra la dimensión de ‘la Primera Reserva Internacional de la Floresta Amazónica (PRINFA)’.

La alocada redacción afirma que esta iniciativa fue apoyada por la comunidad internacional y que simboliza ‘una misión especial para nuestro país (Estados Unidos) y un regalo para todo el mundo, visto que la posesión de esas tierras tan valiosas en manos de pueblos y países tan primitivos condenaría a los pulmones del mundo a su total destrucción en pocos años’.

El texto continúa delatando la naturaleza del proyecto, en la ficción y en la realidad: ‘Podemos considerar que este área tiene la mayor biodiversidad del planeta, con una gran cantidad de especímenes de todos los tipos de animales y vegetales. El valor de este área es incalculable, pero el planeta puede estar seguro de que Estados Unidos no permitirá que esos países latinoamericanos exploten y destruyan lo que es verdadera propiedad de toda la humanidad. PRINFA es como un parque internacional, con severas reglas para la explotación”.

Más allá de la geopolítica, materia siempre condicionada por la coyuntura y los renovables análisis de situación de los bloques de poder, los recursos naturales conforman el elemento objetivo e inapelable que permite comprender el apetito de Washington.

“Un reciente informe del Pentágono determina que, debido a los cambios climáticos operados por la contaminación atmosférica, en los próximos años la Tierra vivirá grandes catástrofes, como sequías, hambrunas y carencias de agua potable’, advirtió Bruzzone.

En la región amazónica se ubica el río más caudaloso y largo del mundo, el Amazonas, en el que desembocan más de l0.000 afluentes que podrían irrigar a todo el territorio de Estados Unidos. Para calmar la angustia del Pentágono, aquí se acumula una quinta parte del total de agua dulce con que cuenta el planeta. El territorio amazónico, con una superficie aproximada de 8 millones de kilómetros cuadrados desparramados en 8 países, representa el 44 por ciento del territorio de América del Sur.

En el alto Río Negro se encuentra el mayor yacimiento de niobo, que, combinado con acero, es indispensable para la construcción de naves espaciales y misiles intercontinentales. El bosque amazónico, con más de 300 especies de árboles por hectárea, ayuda a regular la temperatura del planeta consumiendo bióxido de carbono y produciendo oxígeno.

La cuenca del Amazonas contiene también entre el 40 y el 50 por ciento de las especies de la tierra (un rango estimado de 20 a 30 millones) y la mitad de los bosque tropicales del mundo. Esta inmensa biodiversidad obedece, en gran parte, a las repetidas contracciones y expansiones de la selva durante el período del Pleistoceno. Los botánicos estiman que hay más de 125 mil plantas, indispensables para los laboratorios medicinales que producen grageas, inyecciones y otras aplicaciones.

Hacia el futuro, la región desempeñará un papel clave en la economía mundial y para la supervivencia de la especie humana. Estados Unidos aspira a convertirse en el Estado de la raza superior, en el contralor supremo del planeta. Por eso quiere apropiarse del Amazonas.

Fuente: material elaborado sobre un texto de Pamela Damia y Emiliano Guido (APM)

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